“La ciencia de sentarse: por qué siempre acabamos sentándonos en el mismo sitio del sofá”

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Hay algo curioso que ocurre en prácticamente todos los hogares.

Puedes tener un sofá de tres, cuatro o incluso cinco plazas, pero después de unos días de convivencia parece que cada persona ha reservado su propio territorio.

Y lo más curioso es que nadie lo ha decidido oficialmente.

Entonces, ¿por qué ocurre?

El sofá tiene “sitios favoritos”

Cuando utilizamos un sofá habitualmente, nuestro cuerpo acaba asociando determinadas zonas con comodidad.

Quizá tu sitio sea el extremo de la chaise longue. O el asiento que queda justo enfrente del televisor. O ese rincón desde el que puedes apoyar la cabeza perfectamente.

Con el tiempo, ese lugar se convierte en tu sitio.

La batalla silenciosa por el mejor asiento

En muchas casas existe una regla no escrita:

el primero que llega, elige.

Y cuando alguien ocupa “tu” sitio, puede que no digas nada… pero sabes perfectamente que te han quitado tu lugar.

El rincón más cómodo, el asiento con mejor respaldo o la zona desde donde se ve mejor la televisión suelen convertirse en los puestos más codiciados.

¿Por qué preferimos siempre el mismo lugar?

La costumbre tiene mucho que ver.

Cuando repetimos una actividad en el mismo sitio, nuestro cerebro crea asociaciones. Si durante meses hemos visto nuestras series favoritas desde una determinada posición, es normal que ese lugar termine resultándonos especialmente familiar.

Además, pueden influir otros factores: la postura, la orientación hacia la televisión, la entrada de luz o incluso tener cerca una mesa auxiliar.

Cuando toda la familia tiene su territorio

El fenómeno se vuelve todavía más divertido cuando hay varias personas en casa.

Uno tiene su esquina.

Otro ocupa siempre el centro.

Alguien reclama la chaise longue.

Y siempre hay una persona que llega tarde y termina sentándose donde puede.

El sofá puede tener varias plazas, pero aparentemente cada una tiene dueño.

El sofá también crea rutinas

Sentarnos siempre en el mismo lugar puede formar parte de nuestros pequeños rituales cotidianos.

Llegar del trabajo, sentarnos en nuestra esquina, encender la televisión y desconectar.

O desayunar tranquilamente el fin de semana desde nuestro sitio favorito.

Son pequeños hábitos que convierten un mueble en parte de nuestra vida cotidiana.

¿Y qué pasa cuando cambiamos de sofá?

Aquí llega la parte complicada.

Cuando cambiamos de sofá, también tenemos que encontrar nuevos “territorios”.

Durante los primeros días todo parece diferente: dónde apoyar el brazo, dónde dejar el cojín, cuál es el asiento más cómodo…

Hasta que, poco a poco, cada persona vuelve a encontrar su lugar.

Porque puede cambiar el sofá, pero hay algo que parece mantenerse:

todos tenemos un sitio favorito para sentarnos.

Y ahora la pregunta es inevitable: ¿cuál es tu sitio del sofá?

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